lunes, 16 de septiembre de 2013

Colegios profesionales

Los colegios profesionales u oficiales son agrupaciones de carácter público y gremial formadas por aquellos que ejercen las profesiones conocidas como “liberales”, que suelen estar amparados por el estado. Los miembros pertenecientes reciben el nombre de colegiados.


Todos sabemos lo que supone pasar a formar parte de un colegio, en lo que a nuestra profesión atañe, me referiré a los colegios de arquitectos, arquitectos técnicos, ingenieros, ingenieros técnicos y peritos. Los servicios que nos ofrecen parecen ser suficientemente convincentes de entrada, amparo profesional que parte de una asesoría jurídica y fiscal, formación profesional, seguros de vida y visado de los proyectos realizados como garantía de calidad. Una especie de “comunidad” a la que te sumas cuando terminas tus sufridos estudios, y que implica tu entrada a la vida profesional.


Hasta aquí parece todo maravilloso, en cuanto estés preparado y demuestres un nivel de conocimientos te recibiremos con los brazos abiertos para que empieces a desarrollarte profesionalmente, y además te ofreceremos las máximas garantías para que puedas conciliar el sueño cada noche.


Pero muy sonado es también la obligatoriedad de colegiación, y mucho más cuestionable con la que está cayendo, pues un ingeniero de obras públicas en paro, por poner un ejemplo, sigue teniendo que estar adscrito a semejante institución si no quiere que su vida profesional se desmorone del todo.


La colegiación obligatoria pasa por muchos aspectos cuestionables, es lógico que los colegios aludan a la supervisión y mejor control del ejercicio de determinadas profesiones, pero ¿acaso otras muchas profesiones necesitan de esta rigurosa supervisión? La supervisión del estado podría ser perfectamente válida igual que lo es para millones de profesionales de otros campos.


Otro aspecto cuestionable es el visado, que algunos defienden como acto de control y prevención del intrusismo, pero ¿no debería ser el estado el que tuviese la capacidad de ejercer este control? ¿debemos pagar porque alguien nos de “el visto bueno”?


Una vez asumido que sí, que debemos colegiarnos para ser un buen profesional y contar con la vigilancia de nuestro colegio por si un día “se nos va la olla”, pasamos a realizar las solicitudes de inscripción y ¡sorpresa! La que te llevas cuando ves ese dígito que esperas haber confundido con el código de barras (exagerando).


Las cuotas establecidas no lo ponen nada fácil, pero menos aun cuando te debates en quedarte en tu ciudad y núcleo familiar o decides emigrar a otra comunidad autónoma a ver qué te depara el colegio oficial pertinente.


¿Cómo es posible que un arquitecto colegiado en Castilla la Mancha pague una cuota de 170€ anuales y sus vecinos madrileños lleguen a pagar 354€ más IVA? ¿Esta diferencia de 184€ dónde va? ¿A qué se debe?


Y si decidimos fijarnos en los recién incorporados las diferencias son aún peores,  pues un recién salido de la universidad de Castilla y León no tendrá que pagar nada por su primera colegiación, mientras que un titulado asturiano tendrá que aportar 150,25€ como cuota de incorporación al colegiado.



¿Son éticas estas diferencias? ¿Tenemos que ajustar nuestra residencia a nuestras posibilidades económicas? ¿Es necesario que paguemos por una colegiación para que se nos supervise cuando hemos pasado ya por una criba en las aulas de la universidad? ¿No tendríamos que movilizarnos ante semejantes injusticias en lugar de aceptarlas como algo cotidiano? 





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